5.12.05

El cinturón negro

Todos nosotros, al presentarnos a la idea de comenzar a practicar el Do del Karate, nos planteamos como meta el avanzar, mejorar, aprender y hacer lo necesario para llegar, al fin, al cinturón negro.

Todos, y sin temor a equivocarme, sin excepción nos vemos reflejados en nuestro cinturón blanco. Lo primero que se nos viene a la mente es la analogía del papel o el lienzo de un artista: El budoka recién iniciado se ve a si mismo como un lienzo donde el cual serán vertidos los colores para formar una obra maestra, un maestro en la obra. De a poco se vierten los colores en este lienzo: amarillo, anaranjado, púrpura, verde, azul, café, rojo... hasta lograr que este lienzo blanco se haya desarrollado a si mismo y logre llegar a estar “lleno” de sabiduría y conocimiento, hecho simbolizado con la cinta negra.

Pero mientras más me adentro en este camino, en el Do, comprendo que no es un tema de llenado, ocupar un espacio vacío.

Cuando llegamos al dojo no somos recipientes vacíos que quieren ser llenados, somos personas llenas de cierto conocimiento y actitudes que la vida se ha encargado, a través de la experiencia, de formar un bagaje dentro de nosotros. Así, no llegamos vacíos al dojo, sino que todo lo contrario, llegamos llenos tanto de virtudes escondidas como de defectos declarados. Somos una construcción rígida que busca soltarse en el dojo.

La práctica, lo que realmente hace, es hacernos olvidar lo que ya hemos aprendido, nos limpia, nos sanea de todas las imperfectas pretensiones que nos construimos al comenzar el entrenamiento. Es un acto de desprendimiento de todos los dogmas que nuestra sociedad nos ha enseñado que de forma inconsciente hemos adquirido.

Así la analogía cambia: al llegar al dojo brillamos completamente, nos encandilamos nosotros mismo con nuestra poca humildad, nuestra pereza, nuestras faltas de respeto y la poca conciencia del otro. Así, cada paso que damos nuestra incandescencia disminuye: nos reconocemos débiles, nos reconocemos sólo hombres, logramos entender que no lo sabemos todo, que en realidad sabíamos menos de lo que siempre quisimos pensar, y llegamos a un estado tal de humildad y sintonía con todos y todo lo que nos rodea que esa incandescencia, que ha ido desde un brillante blanco a una oscuridad silenciosa y abnegada, entonces, en la oscuridad del negro (que alguna vez pensamos era la meta) se nos muestra el verdadero comienzo de todo. Recién estamos realmente vacíos para comenzar un nuevo camino y comenzar a aprender de nuevo.

Les contaré si es así cuando logre vaciar mi corazón y comience en verdad a caminar, cuando sensei me comunique que estoy listo para abrazar esa oscuridad y que es hora de emprender el viaje.

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16.11.05

Haiku

Dia y noche
deber de Sensei.
Té frío en la mesa.
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24.10.05

El lugar que nos pertenece

A veces mantenemos nuestra vista pegada a un horizonte brillante, cálido y hermoso. Mantenemos nuestros ojos incrustados en la belleza de la puesta de sol que nos brinda este pacífico que baña nuestras tierras.

Pero que pocas veces miramos nuestros pies, que pocas veces tomamos conciencia en donde están ellos puestos, donde y como descansan y lo más importante, ver si en verdad pertenecemos a ese lugar que nuestros pies ocupan, si nos han llevado a nuestro lugar.

El saber a que lugar pertenezco ayuda a delinear los límites que el criterio y el respeto dibujan en nuestras vidas, ya sea en el dojo o en la vida diaria. Lo correcto o incorrecto está en manos de cómo nos vemos dentro del mundo.

No es malo trazarse metas, mirar al futuro, pero hay que recordar que para llegar a ese futuro debes caminar primero por el presente y el conocer tu lugar posibilita que este camino sea llano y tranquilo.

Nunca debe faltarnos la humildad y si esta hermosa virtud es escasa en nuestra personalidad, el reconocer su falta será acto suficiente para dirigirte a ese camino tranquilo que es saber cual es tu lugar en el mundo.

Cuando nos formamos en la línea para hacer el saludo ritual en el dojo, siempre a tu derecha hay una persona que tiene más experiencia que tu, pero aún así, no lo sabe todo. A tu izquierda hay una persona que tiene menos experiencia que tu, pero aún así tu no lo sabes todo.

Si te muestras con humildad sincera, serás bendecido con la confianza de tus compañeros, sempais y la de tu querido sensei, lo cual te hará un hombre muy afortunado.

Nunca hay que dejar de maravillarse, no perder el sentido del asombro de la belleza del horizonte, sea al alba o en el ocaso. Nunca descuides tus pasos, puedes estar pisando los pies de alguien más, haciéndole daño, y sin ni siquiera prestar atención a tal afrenta.

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14.10.05

Ugoku-Zen Genbu-Kai

El mañana es hipotético. No existe. Olvidate de el.

El pasado ya no es: aprende lo que tienes que aprender, y deja lo demás en el ayer.

El presente es único e irrepetible. en esto debes concentrarte.

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14.9.05

Las batallas de hoy


Esto no es oriente y el suelo que pisamos no es Okinawa.

Es por eso que el karate ha llegado a occidente con una gran confusión en su concepto.

El karate nació para enfrentar la batalla, para detener el conflicto de la mejor manera, de ser la herramienta para ponerle fin a una confrontación.

Muchos nos hemos dejado seducir por estas palabras y el como las interpretamos refleja el verdadero hombre/mujer que existe en nosotros.

Nosotros los que hemos en algún momento interpretado de una u otra manera estas palabras, gracias a nuestras debilidades y nuestros egos, en un mundo de competencias hemos tomado el karate como arma contra las batallas, en un mundo donde las guerras ya se saben de antemano que son inútiles y sin sentido.
¿Para qué entonces, entrenarse en un arte de defensa, si las batallas han cesado (o eso pretendemos)? ¿Si hoy los tiranos no son los mismos que el antiguo oriente milenario?

Si se insiste en un karate para la lucha con otros, de medio de ataque, de modo de superioridad ante otros, de alimento al ego y medio de arrogancia, entonces tu batalla ha concluido y has sido derrotado.

Por que el centro del karate sólo puede ser hallado en ti, en ti debes buscar la batalla, esa batalla que falta pelear: en este mundo donde ya se sabe que la violencia se sabe inútil, la última batalla que queda por librar es contra tus propios demonios, que viven en cada uno: el miedo, el temor, la imprudencia, la pereza, la arrogancia y el ego entre otros, esos demonios que sólo se encargan de poner obstáculos en tu camino, que no te dejan ver el verdadero camino... aquél que se encuentra en ti y que puedes descubrir. Esa, para mí es la esencia del karate hoy, de derrotar a tus enemigos, esos que te atacan cuando buscas paz en tu mente, que te limitan y no te dejan conocer tu potencial.

El karate es el arte marcial que entrenamos para librar estas batallas... eso es lo que siento hoy cuando estoy en medio de la batalla. Esto es lo que he logrado ver en el ejemplo de mi sensei y mis sempais.

Por algo en nuestro Dojo Kun recitamos que el “la práctica del Karate-Do es para toda la vida”: no sólo por que nunca lograremos la perfección total de nuestro arte en esta vida por nuestra naturaleza imperfecta, sino que también la práctica trasciende el dojo y fuera de este: en como manejamos nuestra vida con otros y con cada uno de la misma manera. Y también trasciende más allá del dojo, dentro del dojo: dentro de tu propia batalla a la cual te presentas tan sólo con tu karate.

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7.9.05

¿Por qué practico Karate?

El karate nació para pelear batallas. Preparar el cuerpo para utilizarlo como arma. Ganar ventaja sobre el enemigo.Se me imagina, en primera instancia que el Karate, por si sólo, ya era letal: un instrumento de guerra: cada puño, una bala, un cañonazo en potencia.

Pero bajo la vista de la marcialidad oriental, buscando la perfección en cada acción como el simple hecho de tomar una taza de té, de escribir una letra, de eliminar un enemigo, todo se dirige al centro comenzando de la periferia.

Para mí, en mi práctica del Budo, la periferia de este arte es golpear, es subyugar un adversario a través de la letal arma que puede lograr convertirse tu cuerpo. Pero tu cuerpo es sólo una vestidura, es sólo un instrumento de tu mente y lo que haces con tu cuerpo y con los de otros es un reflejo de esta.

No es tu cuerpo el que se frustra cuando no logras alcanzar una meta, auto-impuesta o no. No es tu cuerpo el que se ciega en ira cuando te ves atrapado.

Si tu mente está sobrecogida tu cuerpo sabrá demostrarlo, sea con una lágrima o quitándote el habla; cuando tengas ira, tus movimientos perderán la gracia y la disciplina; cuando tu mente se obstaculice, a pesar de poder hacerlo tu cuerpo no podrá dar un paso...

He logrado descubrir por qué quiero ser y seguir siendo siempre un budoka: yo practico karate porque realmente creo que el viaje hacia el centro de karate, hacia la médula de esta arte no es dominar con tu cuerpo lo que te rodea, si no que al contrario, yo practico karate para que lo que me rodea no perturbe mi mente...

Del por qué hacer karate es una pregunta que siempre debemos hacer para saber si aún estamos parados en la periferia, o si estamos encaminados hacia el centro, hacia la médula, no del karate si no de uno mismo.

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6.8.05

Espíritu sobre mente y cuerpo

Reflexionar luego de la práctica es indispensable. Cuestionárselo todo es lo debido.

Pero mientras tus pies están sobre la madera del dojo, tu mente no debe existir como agente de cuestionamientos. Debe concentrarse para estar en calma y dejar al cuerpo ausente a la presencia de la mente y la mente estar ajena al cuerpo.

Muchos, en nuestros comienzos cedemos en nuestro entrenamiento a causa del dolor. Muchos persisten en abandonar dentro del entrenamiento, alargando su camino hacia una buena ejecución de la técnica, hacia una buena construcción del espíritu.

Un querido nakama siempre me dice que el cuerpo, durante el ejercicio físico puede darte señales de que abandones. Te dice que no puedes más y debes detenerte, debes abandonar. Es un momento muy difícil. El cuerpo se cansa y te pide una tregua. Pero si sigues empujando tu cuerpo manteniendo el mismo ritmo, llega el momento que el cuerpo se rinde al ejercicio, no hay dolor, no hay cansancio: el cuerpo deja de pedirle ayuda a tu mente y se ayuda así mismo, concatenando mecanismos que lo ayudan a superar tal prueba.

Ahora, si el cuerpo se cansa al ejercitarse, la mente se cansará sólo al pensar en exceso. Esta lógica seria correcta. Y al ser correcta, cuando el cuerpo está cansado, la mente debería estar intacta, la concentración profunda...

El espíritu entra en juego.

Es tu mente la que te hace flaquear, pero el espíritu es quién hace que te mantengas firme en tu concentración y así llevar al límite tu cuerpo, para así sobrepasar la barrera del dolor.

Mi espíritu es aún inconstante. Mi mente flaquea y sucumbe a los designios de mi cuerpo. Pero no por eso dejo de dejarlo todo en el dojo.

Hoy logré levantarme cuando iba cayendo. Y experimenté esa desconexión entre la mente y los padecimientos del cuerpo.

Fue un día feliz, felicidad de un budoka al sentir que se levantaba con un espíritu más fuerte.

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19.7.05

El silencio presente en el Karate

Introducción

Después de cada entrenamiento me convenzo más de que el karate tiene mucha relación con la música.

Más allá de la necesidad de ritmo, en karate a veces cometemos el mismo error que algunos músicos cometen en sus respectivas bandas.

Una banda de músicos debe complementarse el uno al otro así como en el karate, la armonía del espíritu, la técnica y el cuerpo.

Silencio en la música

Los músicos no muy experimentados suelen concentrarse demasiado en sus propios instrumentos y tratar de sobresalir por sobre sus compañeros de banda, subiendo el volumen de sus instrumentos o simplemente llenando de notas un espacio de tiempo determinado. De esta forma el sonido muta a ruido. El oído en vez de satisfacerse en la música es perturbado por la sensación de no armonía, no tan sola teórica, si no de intención, del por qué interpreto lo que interpreto y el como lo hago.

Músicos experimentados olvidan el primer principio de la música. “El silencio”.

El manejo del silencio da el ritmo a la música, le da la armonía. Pretende dar contrastes a toda una pieza musical. Y por supuesto, permite que las partes de la orquesta se complementen y logren formar un todo armonioso sobre una nada caótica.

El silencio en el Karate

En el karate el silencio puede interpretarse de dos formas:

Al tener la mente limpia y dedicada en el entrenamiento dentro del dojo podemos decir que tenemos una mente en silencio, libre de ruido que distorsionen nuestra técnica y nuestra disposición a entrenar. El silencio mental no es la ausencia de todo pensamiento, es la concentración plena en el entrenamiento.

Cuando queremos terminar la técnica antes que nuestros compañeros, patear más alto, golpear más duro eso nos dará como resultado una técnica “ruidosa”, movimientos que no se entienden, técnicas sin terminar, agotamiento... desgaste...

Un pensamiento humilde es un pensamiento silencioso.

El otro tipo de silencio es en la técnica misma.

El silencio al entrenar no es la ausencia de movimiento o una actitud de descanso. Si no la correcta disposición para entrenar. El hecho que sientas que no sabes o que no puedes completar cierto ejercicio o técnica no necesariamente se sobrepasa dejando de hacer el movimiento. Aún cuando te resulte dificultoso es mucho mejor intentar ejecutar una técnica que simplemente quedarse quieto sumido en el pensamiento “yo no puedo”.

El silencio en la ejecución de la técnica es el espíritu atento, o “Sanshin”. Entre técnica y otra uno sigue en entrenamiento. Quedarse de pie en una posición “cómoda” no es entrenar. El Sanshin debe evidenciarse en toda la práctica. Al terminar un técnica o en el momento de esperar una orden de nuestro sensei.

Sensei lo llama espíritu.

Cuando él nos llama en forma de aliento nos dice fuerte: “¡Vamos! ¡Espíritu¡” Sabemos que quiere decir que entiende que estamos cansados, pero nos pide marcialidad, nos pide respirar para que el cansancio decante, nos pide estar a la altura del momento para que después del sufrimiento de hoy, mañana el cuerpo haya aprendido, la técnica evolucione a la pureza y que el espíritu sea humilde, silencioso.

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7.7.05

El alma a través de mi cuerpo

El alma sincera se descubre a si misma en los ojos de su dueño.

Nuestras pequeñas acciones hablan por nosotros. Nos delatan. Le cuentan a quienes nos rodean que es lo que nos hace ser lo que somos.

Demostramos en nuestras pequeñas y menudas acciones que tipos de personas somos al enfrentarnos a situaciones trascendentales.

Mucho podemos saber de una persona con sólo estrechar su mano. El cuerpo siempre nos habla más de lo que la otra persona nos quiere decir. Esta materia es bastamente estudiada por oficiales de la ley para desenmascarar a criminales. Pero sabiendo que en el dojo no nos rodeamos de criminales, bien esta ciencia de observación nos sirven para desenmascarar a nuestros compañeros. Para saber de que está hecha su alma.

Debemos confiar en nuestros instintos, mirar con el corazón es un muy buen ejercicio. Nos dirá si nuestro sensei está capacitado para enseñarnos, o simplemente si estamos preparados para aprender.

El como mantenemos el orden en la clase, nuestros Gui limpios, nuestras cosas ordenadas, el trato al otro, toda esta información el sensei la ira recogiendo y la evaluará para saber que parte de tu entrenamiento debe reforzar más, si la técnica o la manera de vivir el DO.

Siempre a la vez que miramos hacia fuera debemos ser lo suficientemente fuertes para reconocer nuestras pequeñas acciones, ya que estas están hablando por nosotros y aunque no lo sintamos asá­, siempre hay alguien poniéndonos atención.

El alma sincera se descubre a si misma en los ojos de su dueño.

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2.7.05

La mente en el entrenamiento.

El do es cosa seria.

La mente se vuelve poderosa a través de la práctica.

Pero la verdad es que la mente ya es poderosa antes de siquiera haber conocido el buen camino del budo. Un mal enfoque puede truncar tu avance en la práctica, hacer que falles e incluso defraudarte de la práctica, de tu nakamas o simplemente hacer perder el sentido de las correciones y enseñanzas de tu sensei.

La mente es poderosa. De ella depende todo. La correcta aplicación de las técnicas del karate, de mantener vivo el DO dentro de la práctica.

Al decir, incluso en la mente:"No me gusta este ejercicio", "No sé aplicar esa patada"; "Soy malo con las piernas"; "Estoy cansado", hará que tu cuerpo te crea y no logres avanzar en tu práctica.

Es por eso que debes tener tu mente en ti dentro del dojo. Abrir tu ojos y tus oí­dos y sólo dirigirlos a las palabras y el ejemplo de tu sensei. Es el único que debe hablar en la práctica. A menos que debas dirigirte a él, tu silencio debe ser el reflejo de tu concentración. No es necesario bromear con tus compañeros, eso debilitara tu mente la cual debilitará todo tu cuerpo. Habrá momentos para bromear, después o antes de la práctica, pero si te equivocas el bromear no corregirá tu técnica o te hará una mejor persona.

Nuestra actitud debe ser marcial. Callados, no porque se nos ordena, sino porque es la única forma de escuchar. No serviles, obedientes. No ausentes... sólo concentrados en nuestro arte.

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27.6.05

La memoria del cuerpo

Una vez olvidado todo, debemos desencadenar la memoria del cuerpo.

Debemos llegar a él no con nuestros ojos ni con la atención normal con la cual observamos al mundo.

Debemos acercarnos a esta memoria del cuerpo desde el cuerpo. Atender lo que está sintiendo, experimentar el dolor de una posición sin conceder espacio, la técnica debe ser corregida y dejar que el cuerpo te diga como se siente, para poder reproducir la posición nuevamente de la misma forma.

El cuerpo te habla a cada momento, es él más que el cinturon el que te dirá cuanto has avanzado... nunca te dirá cuanto falta por llegar, por que la práctica del Karate Do es para toda la vida.

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26.6.05

La mente en contra

El segundo obstáculo, después del dolor en mi cuerpo, que se presentá al comienzo de la práctica del Karate-Do fue mi propia mente.

Esto porque primero hay que estar muy atento a los movimientos del sensei para reproducirlo de manera fiel al ejemplo. Esto implica recordar mantener la espalda derecha; los hombros abajo, relajados; la pierna de adelante con la flexión necesaria, mantener la pierna de atrás lo bastante estirada, cerrar el pulgar, no meter la cabeza en el movimiento, Etc. Tu mente debe estar presente en cada una de estas correcciones que muchas veces no son tan fieles como deben ser al ejemplo, simplemente porque no tenemos muy en claro lo que tenemos que imitar.

Luego del ejemplo, debemos procesar las correcciones del sensei y preocuparnos de adueñarnos nuevamente de nuestros cuerpos. Ya que esto requiere mucha concentración, al preocuparnos de la posición de las manos perdemos de vista la posición de los pies.

Esto logra ser demasiado frustrante y este es uno de los primeros momentos en los cuales logras saber que si en verdad tienes una motivación sincera para aprender un arte marcial.

Pero no termina ahí­ porque al concentrarte demasiado en sólo un elemento pierdes el foco de todos los demás, lo que produjo en mi caso, una gran pelea con mi mente, enojo y por lo demás, la perdida total de concentración.

Porque llega el momento en donde tú sabes como una posición debe ser ejecutada. En ese momento debes dejar que el cuerpo la aprenda de la misma manera.

Sensei me dijo que dejara de pelear conmigo mismo, si que me olvidé, olvidé todo y dejé que mi cuerpo fuese el que aprendiera. Concentrado en un punto lejano e imaginario, dejé que el cuerpo se equivocara a aprendiera mientras mi mente descansaba clara como el agua.

De ahí­ que Shihan Fumio Demura (a mi parecer) dice que el Karate es Zen en movimiento, porque tu mente no está en los movimientos en si, si no que está calma como un charco de agua dejado allí­ por la lluvia, en foco sólo en la velocidad y la fuerza de cada movimiento, no está centrada (la mente) en el movimiento en si.

Mentarlizarlos todo -> Olvidarlo Todo


De ahí­ es volver a empezar.
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25.6.05

Conoce el dolor

Una de las cuatro nobles verdades del Zen es aceptar que la vida está llena de sufrimiento y el fin de este se puede lograr luchando contra la propia ignorancia, evitando las malas obras y sin duda, aceptar al mundo como es: un mundo lleno de dolor.

Logrando asimilar el concepto de que la vida es dolor, este último pierde su significado, se puede experimentar y saber que no durará para siempre. Así­ como la indulgencia a los deseos, cómo buscar placer en el comer, sólo durará lo que demores en masticar y tragar la comida, el dolor será efí­mero.

La práctica del Karate no está excenta de este dolor. Cuando uno comienza en la práctica del Karate, el dolor está en cada momento de la práctica, ya que tu cuerpo (si no ha sido acondicionado a través del ejercicio con anterioridad) sufrirá un cambio bastante doloroso. Por inercia trataremos de evitarlo, mientras que en este momento el dolor es un signo de la buena práctica. No hay que evitarlo, pero tampoco llevar tu cuerpo de una vez al extremo, debes cuidar de tu cuepro y el de tus compañeros.

Muchas de las cosas tan naturales en la vida están marcadas por el dolor. Nuestro propio nacimiento es traumante y doloroso, tanto para la madre como para el recién nacido, pero no será mucho tiempo cuando el recién nacido se encuentre comfortable en los brazos de la madre.

De por si el dolor no es malo. Es sólo una forma que nuestro cuerpo tiene de comunicarnos de que estamos vivos.

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